25 mayo, 2022

Por Juan José Olivera

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Cuando uno se pone a escribir una columna de opinión y análisis como esta, que va a leerse el sábado a la mañana, entre mates y medialunas, con cierta parsimonia, buscando tal vez, algo nuevo, o por lo menos, que aporte un poco de reflexión a los miles de temas que se apretujan en las pantallas de televisión, entintan los diarios y enronquecen a los locutores radiales, le corre cierta preocupación.

Se pregunta ¿No estaré repitiendo a los de la charla del quincho, al inefable Jorge Asís o a la pluma estrella de La Nación, Carlos Pagni? ¿Habrá alguien que dirá que le estamos robando ideas o temas? Cosa muy temida y conocida, tanto en el periodismo como en el mundo académico.

Entonces, caben dos caminos: matarse leyendo todo lo que escriben todos los opinólogos durante la semana, para no copiarlos; o dejarse llevar a los impulsos naturales del ocio y escribir libremente. Como siempre, optamos por lo segundo, abandonarnos a una relativa impunidad que protege a este género periodístico.

Nos podríamos excusar también diciendo que nuestras observaciones provienen más del mundo académico que del de la información, y no estaríamos mintiendo.

Sin embargo, no hay una gran diferencia en lo que se está discutiendo hoy en los claustros universitarios y lo que se debate en la política nacional.

En realidad, aunque muchos académicos no quieran admitir y muchos comunicólogos se hagan los distraídos, para sostener roles diferenciados o para proteger el ranchito, lo cierto es que la cátedra siempre estuvo cerca del comité partidario y el comité de la imprenta.

Desde el gobierno de Yrigoyen y la Reforma Universitaria de 1918, la universidad y la política, se retroalimentan. En la historia argentina, una siempre fue la contrapartida de otra.

Tal es el caso de la PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias) un proyecto ideado y rumiado en la carrera de Ciencia Política de la UBA. El producto final de la sumatoria de muchos años de estudio y cotejo comparado de conceptos y teorías europeas y norteamericanas, de las cuales, el profesor y Senador randazzista, Juan Manuel Abal Medina, ha sido un gran impulsor.

Abal Medina es conocido entre los estudiantes de esa carrera como “el politólogo radical que milita en el peronismo”, por sus lazos políticos y académicos con los “maestros politólogos” del radicalismo universitario”.

Así, las PASO, son el producto conformado por un sustrato básico de pensamiento formado en miles de horas cátedra, persistentes adhesiones a un determinado paradigma científico, y perdurables relaciones de poder que finalmente terminaron coagulando en una Ley.

Se sabe que la presencia de la UCR y Franja Morada, desde tiempos alfonsinistas, siempre ha sido una constante en la Universidad. Incluso, en tiempos del kirchnerismo, cuando todo lo que se movía y militaba se le ponía el poncho de La Cámpora, la hegemonía en los claustros de graduados y profesores no tuvo muchas modificaciones, siendo controlados siempre por el radicalismo.

Las PASO, creadas en el gobierno de Cristina con la asesoría de Abal Medina como parte de una reforma destinada a “transparentar y democratizar”, copian e importan para la Argentina el modelo norteamericano de elecciones primarias, con la diferencia de que aquí serán obligatorias en vez de optativas y en simultaneidad.

En general, fue recibida como algo positivo por todo el arco político que hoy, contradictoriamente, se muestra en oposición o la desdeña como herramienta política en la práctica.

Algunas críticas actuales, que provienen del sector de las ONG y de los partidos políticos, resultan un tanto ingenuas, como Change.org, que le acercó una carta a Macri con firmas para derogar las PASO, cuando éste fue uno de los que más se han beneficiado con esta reforma electoral, sostienen que “Los K hicieron esto (las PASO) para saber, como una encuesta, cuánto medían los candidatos, para después volcar todo el aparato del Estado en favor de ese postulante”. ( LA NACION miércoles 28 de junio de 2017).

A la luz de los acontecimientos, se ve claramente que esta crítica no tiene donde apoyarse, ya que tanto en la Provincia de Buenos Aires, como a nivel Nacional, ganó la coalición opositora y no el oficialismo en el 2015.
Otra crítica, naif, apunta al gasto en los procesos electorales, señalando las PASO como algo innecesario y caro, $2800 millones es lo que costarán los comicios del domingo 13 de agosto. La realidad es que cada vez son más los partidos que tratan de evitar las primarias porque los suman en situaciones complejas e incontrolables. Pasarlas rápidamente parece el signo común en este gélido invierno de 2017.

 

Las PASO (II). ¿Un caso de Mala Praxis Politológica?

El radicalismo compró rápidamente las PASO porque era parte de su formación política. La UCR es un partido con una larga tradición en la conformación de coaliciones electorales y con mucha experiencia en “internas”, que establecen un juego permanente de jerarquías y distribución del poder partidario regional y nacional.

Abal Medina siempre supo el peligro que corría y ahí quiso llevar al peronismo, para ese lado. Conocía la debilidad orgánica que persiste en el peronismo, donde la conducción partidaria se establece por el doble juego de complejos balances de poder entre el liderazgo personal del conductor y la profunda adhesión territorial, pero aún así salió a probar el modelito.

¿Cuando el equipo de Abal Medina pensó este sistema, evaluó cuáles serían las circunstancias de su aplicación en la provincia de Buenos Aires? ¿Cómo iba a impactar en los actores políticos y en la cultura política del distrito mas grande del país?

El radicalismo velozmente se percató que podían volver y recuperar la Provincia de Buenos Aires. En cambio, para el peronismo no iba ser tan fácil la adaptación. Un modelo que responde a ciertas prácticas, modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar, se dice en sociología para principiantes.

Lo sabemos, sus prácticas son distintas y sus actores también. Procesan de diferente forma sus conflictos y la democracia interna no funciona del mismo modo. Al radicalismo, más afín a las normas internas y a ciertos consensos básicos compartidos en cuanto a lo económico, la división de poderes y la democracia como legado centenario, no le cuesta tanto saldar las diferencias internas.

En tanto, para el peronismo, más pasional, ecléctico, diverso, movedizo, conflictivo y popular, la unidad y el conflicto van de la mano, tanto para existir como fuerza política, como para seleccionar candidatos, como para gobernar. Tal vez ahí radique su capacidad y fuerza, en sus múltiples formas de corporizarse, uniendo sobre sí las expresiones Estado, Nación y clase trabajadora.

¿No recordó?, cuando Bordón ganó las internas abiertas de un prometedor Frente Grande a mediados de los 90, con los votos menemistas, que veían con cierto pavor el crecimiento acelerado de la figura de un tercer partido beligerante, y una figura como Chacho Álvarez, que aún cargaba las épicas de los años 70 y del “Grupo de los 8” diputados disidentes al neoliberalismo peronista riojano, ¿no vio el riesgo que significa que te copen la elección desde afuera?

La respuesta a esta preocupación se observa bien, tanto en la clausura que Cristina realiza en no darle espacio de competencia a Randazzo, como en el caso de Loustou en Capital, que va por fuera de Cambiemos, tras ser negado el derecho de admisión y permanencia por Larreta y Carrió.

¿Tampoco le importó o no pensó en el fraccionamiento de poder que sobrevendría en la provincia de Buenos Aires? y lo peligroso que se podía poner una interna con presencia real de las masas populares argentinas, de carne y hueso, y no prolijos e idealizados electores ingleses o franceses?

¿Que creían “las mentes brillantes” de la Ciencia Política de la UBA? ¿que después de una interna peronista, ganadores y perdedores se iban a dar la mano como después de un partido de tenis?

La suma de los votos de Aníbal Fernández y Fernando Espinoza era mayor que la de Vidal. Sin embargo, en las generales ello no se expresó. Porque, como sabemos, para un dirigente barrial, donde su fuerza territorial es la diferencia entre existir y no existir, expuesto ya como perdedor de una interna, le es mejor ir a vender su aparato al partido de enfrente que entregárselo a quién le puede robar su presencia y poder local. Sabe que si gana su rival interno solo lo espera el cadalso.

Como ya dijimos, estas diferencias, no se saldan tan rápido como un game de tenis, quedan heridos y óbitos, injusticias y reparaciones, pendientes. Veamos sino, como después de todo el odio y las traiciones que se propinaron los candidatos del peronismo entre sí, lo extremadamente difícil que es componer la vida partidaria, y volver con una sonrisa de cámara televisiva a juntar, bajo una misma bandera y un mismo techo, a los personajes de este drama reciente que lleva los nombres inscriptos de Cristina Fernández, Florencio Randazzo, Aníbal Fernández, Felipe Solá, Alberto Fernández, pero que suma también al sindicalismo y a los gobernadores que, hasta ayer, perjuraron lealtad, pero a fuerza de necesitar dinero para pagar sueldos y poner a funcionar sus provincias, tejen cercanías con el Poder Ejecutivo Nacional, nunca jamás tan centralista y unitario.

Las PASO, no frenó la crisis de los partidos políticos, sino que la acentuó, fraccionando su poder orgánico. Acrecentó la personalización y el carisma en una relación más parecida a la industria del entretenimiento que a la vida partidaria.

Alentó la conformación de alianzas y coaliciones coyunturales pasajeras, cada vez más carentes de sentido ideológico e histórico, controladas sólo por las intenciones recolectadas en las encuestas, reducidos grupos de opinión y “focus groups”, y tampoco, finalmente, redujo la oferta de electoral, sino que la descoyuntó en un montón de piezas similares a un rompecabezas.

Tal vez, en estas horas, Abal Medina esté caminando de un lado a otro del living familiar pensando que ¡No es fácil componer el peronismo! ¡sólo con capital intelectual, una banca prestada y buenas intenciones, no alcanza! La historia deshizo, patéticamente, ya mil veces la tesis sarmientina que “las contradicciones se vencen de tanto contradecirlas”.

Licenciado en Ciencias Políticas. Docente de Pensamiento Político Argentino en la UBA.  Autor del blog: http://juanjoseolivera.blogspot.com.ar/?m=1:  

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