25 mayo, 2022

Por Juan José Olivera. Lic. en Ciencias Políticas. Docente de la UBA.

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Tal vez el desplazamiento de 12 móviles y carros de asalto del Ministerio de Seguridad de la Nación, que se dirigieron desde Capital hasta La Plata por la Autovía Dos la noche del martes, fue la acción que determinó la decisión del sindicalista de la UOCRA, Juan Pablo “Pata” Medina, de entregarse y no resistir la detención llevada adelante por la Prefectura Naval, con motivo de la acusación de lavado de dinero, extorsión y amenazas que dictaminó el juez de Quilmes, Luis Armella.

Así, Medina se suma al grupo de sindicalistas alcanzados por el largo brazo de la señora de ojos tapados, que con diferente medida prefiere poner en su banquillo a los cuestionables líderes gremiales, antes que a empresarios y jueces corruptos y corruptores.

El pasado 7 de agosto, Omar Plaini, del sindicato de Canillitas fue restituido en su conducción por la Sala II de la Cámara Federal Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional del Juez Irurzún, que a principios de este año el Juez Martínez Giorgi había ordenado desplazar e intervenir, con cinco camiones de la Gendarmería (GNA) por supuestas irregularidades en las elecciones gremiales del 2013.

Mismo recorrido en 2016 le había tocado a Omar “Caballo” Suarez del Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU), donde fue intervenido el gremio y Suarez desplazado del cargo.

Finalmente, en consonancia con este devenir, algunos medios adelantan por estas horas que el próximo en la lista podría ser el titular del sindicato de empleados de porteros de edificios (Suterh) Víctor Santa María, que además de ser el presidente del PJ porteño su gremio integra el Grupo Octubre que posee medios de comunicación opositores como Página/12, AM 750 y Caras y Caretas.

Lejos aquí estamos de ponernos a dirimir que detenciones son injustas o todo lo contrario, a cada uno que se ponga la camisa que crea que le queda mejor. Sin embargo, en su conjunto conforman parte de un clima y un mensaje que necesita transmitir el gobierno de Macri y que la justicia acompaña ampliamente.

La imagen de transparencia, de pelea contra la corrupción de los distintos espacios del populismo peronista y las luchas contra las mafias, sean políticas o sindicales, deben ocupar el centro de las pantallas para que se haga real, o consistente (al menos en apariencia) el discurso del cambio de tiempo; y la idea de que se está haciendo una limpieza, porque de lo contrario las inversiones no llegaran.

“¡Quien va a invertir en este país si está lleno de mafias!”, repiten a coro los formadores de opinión en los medios de comunicación amigos del gobierno.

Con razón o no, la verdad que las inversiones no aparecen. Por el contrario, crece el endeudamiento externo, la industria que sostiene la mayor parte del empleo decrece y los tan esperados brotes verdes solo se ven en la obra pública ligados a la construcción.

La exportación de “commodities” (palabra en inglés para denominar a las materias primas usada para que la gente común no entienda nada y los economistas mediáticos hagan su show en la TV),  y el sector del comercio de productos importados, son los que afloran en esta pálida primavera marcada más por el tiempo electoral que por un visible repunte de crecimiento y bonanza económica.

Números que, a dos años de gobierno, no alcanzan aun en la general a empardar los registros del 2015, y que con este endeudamiento galopante es más esperable un horizonte  próximo de están-flación (estancamiento + inflación) que los esperados fulgores de algún semestre salvador por venir.

Tranquilo, esta no es una columna económica. Tome este humilde análisis de quién viene. Pero si aún quiere amargarse un poco, ya que la mayoría de los economistas son optimistas  y ven venir los brotes verdes, los árboles y el paraíso pintado de amarillo, le recomiendo leer la columna de Alfredo Zaiat del domingo pasado (https://www.pagina12.com.ar/64872-cuando-explota).

Este avance sobre el sindicalismo por parte de la justicia es visto por muchos sectores opositores y no opositores como una forma de disciplinar a los gremios que “molestan” en la soñada reactivación post kirchnerista. Que sean los gremios marítimos, el de canillitas, el de la construcción y del único matutino opositor, llama la atención.

Primero porque hace mucho tiempo que se discute y cuestiona el accionar de los líderes sindicales y que se actué con tanta celeridad en este marco electoral levanta sospechas, más si los gremios que tocan son los relacionados con el transporte de exportaciones e importaciones que se mueven en barco.

Los canillitas siempre en conflicto con La Nación y Clarín y la UOCRA que cuelga su bandera verde en las obras publicas y le pelea salarios y condiciones laborales al gobierno.

Además, resulta por lo menos llamativo que desde el gobierno se hable de sindicalismo corrupto la misma cantidad de tiempo que guarda total silencio por las fortunas de los gremialistas amigos, como el difunto Momo Venegas y el actual ministro de trabajo, Jorgito Triaca, el heredero del jefe de los plásticos, ministro de trabajo menemista y privatizador de SOMISA. Jorge Triaca, QPD.

 

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