29 mayo, 2022

Por Juan José Olivera 

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La semana se cierra con varias noticias con final anunciado.

Por un lado, la derrota de la operación parlamentaria Macri-massista para sacarle los fueros a Julio De Vido.

Y luego, la declaración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que dictó una resolución a través de la cual le recomienda al gobierno argentino adoptar “medidas alternativas” para la prisión preventiva que cumple la militante Milagro Sala. Entre esas medidas, sugirió “el arresto domiciliario“, o bien que la líder de la Tupac Amaru “pueda enfrentar los procesos en libertad con medidas como la fiscalización electrónica“.

Dos golpes, que aunque no logran mover el amperímetro de las encuestas de cara a las elecciones del 13 de agosto, le cortan el chorro a una cantidad de expectativas mediáticas del Ejecutivo, que fluían hacia la posibilidad de ver confirmado en la practica el discurso moralista y acusatorio con la década kirchnerista, presentada por Cambiemos como una banda caída del cielo que se apoderó del Estado y de sus cuentas bancarias.

Por otro lado, el dólar perforó el techo de 18 pesos antes de lo esperado y no amaina amenazando inundar el pinchado bote de la credibilidad e infalibilidad del “equipo” económico y del contradictorio e inentendible plan económico.

En tanto Macri, viendo que el agua sigue corriendo para el molino de Cristina en el Gran Buenos Aires, dándole ganadora en todas las encuestas, pone las velas rumbo al interior de la provincia para pescar votos sojeros.

Votantes del campo, más apaciguados por un repunte del grano y por el changuí que les ofrece un dólar alto.

Claro está, que en esta travesía el mascarón de proa del PRO es María Eugenia Vidal. Ella encara, con sonrisa galvanizada y ojos lacrimógenos de postal navideña, abre caminos donde no llega Macri y menos Esteban Bullrich, ambos rígidos exponentes de la clase alta porteña carecen de ese costado sensiblero, haciendo la empresa más dura que la del capitán Ahab de Moby Dick.

En estas aguas turbulentas, donde los pronósticos y los índices de los economistas se clavan como arpones en la paciencia de los descreídos televidentes que ven como la realidad del desempleo, la inflación y la pobreza aumentan, la enorme y pesada CGT realiza una de las declaraciones más fuertes desde hace mucho tiempo, convocando a una aparente tibia e inocente movilización para el 22 de Agosto.

Sin embargo, en el marco de la cercanía con las PASO, y en el clima de descontento que existe con el gobierno de Macri en todo el sector del trabajo, con dirigencias intermedias que crecieron viendo los desastres de los 90 y bases jóvenes entusiasmadas con la militancia sindical, la medida toma relevancia y se agrega a un proceso ascendente de acción en los sindicatos.

Este podría ser el resumen de la acuática realidad nacional, donde a muchos el agua nos está llegando al cuello, y vaya aquí entonces, nuestro homenaje sincero a los verdaderos y sacrificados productores del campo argentino, los productores lecheros, que ven con dolor como su producción se pierde por las inundaciones y por el acopio de un voraz monopolio que impone un precio imposible para millones de familias que no pueden brindar ese alimento básico a sus niños y ancianos.

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Sin embargo, no es toda la realidad. La vice presidenta Gabriela Michetti, en gira por Europa, se animó a parlare italiano en el pueblo de sus antepasados y ciertamente que lo hizo mejor que en muchas de sus declaraciones desafortunadas y xenófobas. Como cuándo se refiere a “los pobres y a la gente normal”, cuando aconseja a los pobres no gastar en televisores, camisas y leche para comprase una casa, o realiza análisis políticos como el retorno al sistema con 6 años de mandato presidencial como era antes del la Reforma Constitucional de 1994.

Michetti, tal vez con cierta inocencia o ignorancia planteó que habría que saltar las elecciones legislativas “de medio término”, dijo, “en algunos países de América Latina, que necesitaban generar cambios estructurales y se daban cuenta de que la competencia destructiva que tenemos en los años electorales les terminaba rompiendo lo poco que iban avanzando, decidieron por un tiempo hacer 4 años sin elección intermedia” (Perfil 18-03-2017).

Como opinión descolgada, el tema es demasiado serio como para pasar inadvertido. Sabido es que Macri quiere hacer una gran reforma política pero que con las dificultades que ello implica, apoyo parlamentario de los gobernadores en el Senado, y con todos los temas que lo inquietan como una reforma en el sistema jubilatorio (volver al sistema de reparto de las AFJP), reforma laboral (flexibilización y suspensión de indemnizaciones), reforma sindical (sacarle el control de las obras sociales a los gremios y cambios en las ART), no es de descartar que algunos funcionarios del gobierno estén soñando con una salida más audaz como una reforma constitucional.

En 2016, el gobierno anunció la reforma política que incluía el voto electrónico como punto central. Si bien la Boleta Única Electrónica (BUE) fue rechazada en la cámara de senadores, se llegó a hablar incluso de la existencia de miles de máquinas que se habían comprado antes que fuera promulgada la ley.

También por ese tiempo se comenzó hablar de la división del Partido de la Matanza. Eso movilizó a la intendenta del FPV, Verónica Magario, logrando encolumnar a todo el peronismo en esa defensa, y a los vecinos, que vieron en su representante una corajuda defensora del pago chico. Al poco tiempo Magario se convertía en una de las dirigentes más importantes de Cristina.

El periodo presidencial de 4 años que se estableció en la Reforma del 94, luego del Pacto de Olivos entre Menem y Alfonsín, tenía como objeto acortar el periodo para permitir la reelección en solo dos mandatos consecutivos, eliminar el Colegio Electoral haciendo la elección directa del presidente y establecer el sistema de balotaje, (donde el candidato más votado debe obtener al menos el 45% de los votos, o más del 40% con una diferencia de diez puntos porcentuales con el segundo candidato más votado.

Si eso no sucede se debe realizar una segunda vuelta o balotaje, entre los dos candidatos más votados, resultando elegido presidente el más votado de los dos), que antes no existían, copiaba así al sistema electoral norteamericano. Las PASO vinieron a completar la idea, similar a las “primarias” yanquis.

La elección de 4 años permite hacer controles de gestión a la ciudadanía cada dos años. Si los ciudadanos están conformes con el Ejecutivo, hay luz verde para la administración y podrá sumar legisladores que lo respalden, de lo contrario se fortalecerá la oposición. Al cabo de esos cuatro años se vuelve a plebiscitar la actuación del presidente y nuevamente la elección de sus representantes está en manos de todos los ciudadanos habilitados por la Constitución para votar.

Sin ninguna duda, a nivel institucional y político, la Reforma del 94 tal vez sea una de las mejores cosas que nos quedó de aquella década. La Democracia y las mayorías parlamentarias no son un juego ni un antojo, todo político prudente y con convicciones se maneja en estos temas con suma cautela, sabe bien que ahí está representando el Pueblo de la Nación, que lo está mirando.

Licenciado en Ciencias Políticas. Docente de Pensamiento Político Argentino en la UBA.

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